Ecos del pasado en Resplendent Ceylon

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Los escoceses son gente tremendamente nómada y con muchos recursos. En los últimos dos siglos llevaron su talento en la ingeniería, la minería y el té y el café a todos los confines de la tierra y fueron fundamentales en la fundación y la construcción de algunas de las grandes instituciones que todavía vemos hoy en día, incluyendo la mayoría de las fabulosas haciendas de té aquí en Sri Lanka.

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Sin embargo, el viaje también les generaba una fuerte sensación de anhelo por el hogar, sobre todo en el área alrededor del lago Castlereagh. Y qué mejor manera de recordar el hogar que poniéndole a sus bungalows nombres de lugares que echaban de menos, de forma que esos nuevos lugares les invocasen recuerdos de una vida lejana. Por eso, los bungalows de Tea Trails construidos entre 1888 y 1925 no solo cuentan con memorias del pasado, también con memorias de lugares lejanos. Norwood, Tientsin, Castlereagh. Summerville, Dunkeld…cada uno de ellos único a su manera.

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De Tientsin, que lleva el nombre de la aldea china cuyas semillas de té fueron las primeras traídas a Sri Lanka en la década de 1840; a Dunkeld, levantado en el punto más alto de los Roaring Twenty’s en 1925.

Cada bungalow está construido en un estilo que recuerda a la época y que representa las características predominantes del momento. Puesto que no solo acomodaban al administrador de la finca, sino también a su familia, tenían que ser espaciosos, frescos y evocar una sensación de presencia.

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El administrador era completamente responsable de todo lo que sucedía en la finca. Era juez y jurado en todos los asuntos del té, así como en los locales. Se encargaba de la contabilidad, del envío, de los controles de calidad, de recursos humanos… era incluso botánico. Cada aspecto del proceso de producción se controlaba desde esta posición única de responsabilidad. Todo esto, por supuesto, sin contar con las responsabilidades familiares: la administración de la casa, la educación de sus hijos y los asuntos de salud, entre otros muchos, estaban también bajo su jurisdicción. Y, a todo esto, se le sumaba el estar algo aislado… la vida no era nada fácil por aquel entonces.

La vida significaba literalmente nacer y morir. La gente enfermaba y el médico más cercano estaba a millas de distancia. Hacerse cargo de todo lo que la vida les traía era una tarea diaria. No es de extrañar que en Tea Trails estén orgullosos de ponerles a muchas de las suites individuales en sus bungalows los nombres de los administradores de las fincas.

En Norwood, por ejemplo, las suites son Hazel, Irvine, Andrews, Trefaldwyn, Jeffrey y Wyatt, nombres que evocan imágenes de hombres bigotudos con cascos, traje y corbata.

Estos nombres son los de aquellas personas que ayudaron a construir países, que se preocuparon por proteger la inversión de sus patrones, aquellos que se encargaron de solucionar todos los problemas o bien en la galería o bien bajo el zumbido del ventilador en una oficina con olor a té, canela y esmalte.

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También tenían tiempo para relajarse, claro. Tomaban gin-tonics, cenaban con administradores vecinos, jugaban al billar inglés en mesas importadas de Inglaterra…

Esas mismas habitaciones que una vez se hicieron eco de los sonidos de una vida laboral son ahora hogar de los placeres de los huéspedes que disfrutan de unas vacaciones tranquilas en uno de los lugares más bellos del mundo. Miran hacia fuera y observan las mismas vistas que los ocupantes anteriores, oyen los mismos sonidos que hacen eco sobre el lago Castlereagh, experimentan el mismo clima balsámico, escuchan el mismo canto de los pájaros que despiertan… Incluso juegan al billar en las mismas mesas. Lo único que ya no es posible es la caza.

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De pie en las sombras de la historia y cerrando los ojos, casi se pueden oír los ecos del pasado. Los primeros gritos de un recién nacido en la suite Jeffery y el tintineo de las copas celebrando el nacimiento, las lágrimas cuando un gerente respetado o el supervisor deja la finca, los gritos cuando la calidad no cumple con las expectativas y los susurros silenciosos cuando el dueño de la plantación hace una visita…

Un niño nacido en la Suite Jefferey habría tenido una infancia mágica. Una infancia llena de los silbidos de los trenes de vapor y del ruido de los carros de becerro… Una infancia nadando en piscinas rocosas y frescas, escuchando las noticias en Radio Ceylon, recogiendo plátanos y mangos en temporada… Una infancia con lámparas de aceite y sombras en el techo de los insectos y pequeños mamíferos que se moverían alrededor…

Habría habido accidentes y rodillas raspadas que el médico local habría tratado con cataplasmas, o quizás asuntos más graves para los que se habría enviado un mensaje al médico europeo en Kandy que se habría montado corriendo en su Austin 7 y se habría hecho rápidamente el peligroso viaje por carreteras llenas de baches y pistas arenosas hasta Norwood.

Por supuesto, la vida y las instalaciones han mejorado mucho. Hoy, los bungalows de Tea Trails cuentan con todas las comodidades que se esperarían de un hotel privado de 6 estrellas. Los servicios médicos avanzados están a sólo unos minutos y la cocina internacional está abierta y sirve a diario.

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¿Dónde están ahora los descendientes de esos recién nacidos que nos imaginábamos?

Al igual que muchos de los administradores de las plantaciones llegaron de Inglaterra a Sri Lanka, muchos de sus descendientes fueron enviados a internados allí. El viaje no fue, en absoluto, tan breve como el que haríamos hoy en día. Tal vez un mes, o incluso más, en una cabina caliente y húmeda viajando a través de la India, Egipto, Nápoles y Gib. Cargados con un baúl y cartas de parientes, pasaban unos cuantos años soportando los fríos inviernos en un internado inglés.

Las cartas viajaban de un lado al otro del mundo con noticias de eventos de al menos 6 semanas de antigüedad. Coleccionaban e intercambiaban sellos y leían ávidamente los mensajes.

Hoy en día, Internet, los viajes aéreos y el teléfono móvil han hecho que muchas cosas sean ya parte de la historia y tan sólo podemos experimentar unas pocas de las que los visitantes anteriores hicieron hace unos 95 años.

Con el descubrimiento de nuevas tierras, nuevas amistades e intereses, ¿qué pasó con la descendencia de los administradores y propietarios de las plantaciones? Nunca lo sabremos, las historias familiares son difíciles de descubrir, incluso con las páginas web de genealogía. Una cosa está clara, si son parecidos a sus antepasados, es probable que se hayan mudado a Inglaterra o que hayan decidido descubrir otras zonas del mundo, quién sabe, ¿quizá Australia?, ¿Canadá?, ¿Estados Unidos?

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Todo esto son solo algunas de las cosas que ocurrieron en el bungalow Norwood antes de que pudiésemos alojarnos ahí. Los fantasmas de las generaciones pasadas todavía se pueden escuchar al anochecer. Con los ojos medio cerrados se puede oír el bocinazo de los camiones que llegan para recoger los sacos de preciado té. ¿Puedes oler los aromas de las buganvillas?, ¿puedes tocar la superficie de madera vieja de teca?, ¿notas el persistente aroma del curry en el ambiente? Y habrá miles de experiencias similares en cualquier otro de nuestros bungalows, ahora de lujo, en Tea Trails.

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Si las paredes hablasen contarían historias de diversión y tiempos difíciles; hablarían de la preocupación de la guerra, de la alegría de la independencia, de la vida privada y pública de los plantadores, administradores y de todo el personal que vivió y trabajó en este lugar mágico.

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